Sam Spiteri es un niño canadiense de tres años de edad que padece parálisis cerebral. Sus padres le compraron un pony enano como parte un tratamiento de hipoterapia, dentro de su programa de rehabilitación. Pero, un vecino denunció a la familia por los malos olores del animal, pese a que la finca de los Spiteri colinda con una granja de ganado.
El pasado verano, el ayuntamiento indicó a la familia que debían retirar al pony de su propiedad ya que el terreno estaba calificado como terrero residencial rural, lo que no permitía tener ganado. La historia de Sam y su pony saltó entonces a la prensa local, y de allí a la de todo el mundo.
Las numerosas muestras de apoyo tanto moral como económico a la familia han provocado que ahora el ayuntamiento dé marcha atrás en su decisión, permitiendo que el pony permanezca en la finca de los Spiteri. La familia sólo debe ocuparse de mantener limpia la finca de los excrementos del animal.
Leído en: National Post.
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